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PROF. LUIS SALAS GARCÍA
Primer Cronista de la Ciudad

MTRO. ZENÓN RAMÍREZ GARCÍA
Segundo cronista de la ciudad

CONTACTO:
zenon.ramirez.g@cronistadepapantla.com

Prof. Luis Salas García y su alumno Zenón Ramírez García

 

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DANZA DE LOS VOLADORES

El 30 de septiembre de 2009 declaró la UNESCO a la Danza Ceremonial de los Voladores, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

(con video) Esta danza prehispánica, conocida también como danza "del Palo Volador", es originaria de los pueblos totonacas y fue incorporada posteriormente al ceremonial tenochca. El franciscano Juan de Torquemada nos ha dejado un plástico relato de este rito y a la vez juego de destreza, el cual poco ha cambiado con el correr de los siglos:

"Entre otras maneras de regocijos que éstos indios occidentales (zona totonaca de Veracruz y Puebla) tenían para engrandecer la solemnidad de sus fiestas y solazar los ánimos de los que asistían a ellas. "La Danza de Volador" era una de las maneras".

Consiste en dar vueltas por el aire, asidos a unos cordeles que penden de un alto y grueso madero (ahora tubo de fierro). El árbol era buscado y localizado en los montes altos de la región, una vez elegido y después de haber realizado ceremonias rituales a su alrededor se procedía a cortarlo para después trasladarlo a rastras hasta el lugar ceremonial donde nuevamente se plantaría, luego de otra ceremonia y bailes se echaban gallinas, refino y tabaco para que no tuviera hambre el palo y no fuera a comerse a los danzantes y por último se procedía a pararlo con proceder tradicional y rústico, con gran esfuerzo pero también con gran entusiasmo producto de su fe.

Esta danza cuyo esplendor y práctica ceremonial data desde antes de la conquista, se llevaba a cabo en muy solemnes fiestas indígenas, especialmente en las del año secular o fiestas de fuego nuevo, que tenían lugar cada 52 años, cuando daba comienzo un nuevo ciclo de origen totonaco.

Esta danza de rico colorido y admirable destreza estaba dedicada al dios del sol y de la lluvia. Consiste en subir a un palo de 25 a 25 mts de altura, previos bailes rituales alrededor del mismo; cinco son los danzantes que participan, cuatro voladores y un caporal, quien es el que baila parado sobre una manzana, que es así como se llama el remate del palo volador, y quien invocará desde ahí a los dioses con música de flauta y tamborcillo, para después lanzarse al vuelo y descender como aves hasta el ras de la tierra, después de dar 13 vueltas, que multiplicadas por 4 voladores dan un total de 52 que son los años que contaba su siglo.

Mensajeros del sol

La esencia de la danza del volador, es que el ritual místico y religioso es de una solemnidad y pureza como su propio ropaje: blanco y albo y por lo tanto digno mensajero del sol para la vida y la felicidad; justamente la fecundidad se inicia cuando el sol está en el centro de la tierra (zenit) y la diosa tierra lo recibe en su seno ante la presencia del dios Tláloc, dios de la lluvia; este es el momento más culminante del rito dansistico del volador porque es cuando los hombres pájaros elevan su invocación a la rosa de los vientos (4 puntos cardinales) y al realizarse la conjunción los hombres pájaros caen a la tierra, trayendo el sol, la lluvia y la vida.

Cabe aclarar, que existen diferentes versiones ó leyendas sobre el significado de "La Danza del Volador"; pudiéndose encontrar otras versiones al respecto.

La Danza de los Voladores de Papantla, tradición cultural totonaca que se viene practicando desde tiempos inmemoriales; los "hombres pájaro" que al despegar de la tierra estrechan comunicación con los cuatro puntos cardinales.

Una ceremonia religiosa de respeto y de equilibrio de los hombres para la naturaleza; ritual mágico lleno de misticismo y colorido, capaz de conquistar a cualquiera; el tiempo unido a las creencias de los practicantes y espectadores como un ejemplo de dignidad ante sus tradiciones; pilares sembrados en esa gran tierra jarocha como estandartes de pervivencia frente a los embates de un nuevo milenio.

La danza de los pájaros como ellos mismos le dicen, águila o gavilán, es practicada en estas comunidades indígenas sólo en las fiestas patronales, sin embargo, actualmente algunos grupos viajan a diferentes países para mostrarla; desde luego que este motivo deja mucho que hablar de su originalidad y contexto, valor que los indígenas siguen respetando con lealtad.

 

Diccionario Enciclopédico de Música en México:

Danza del volador (conocida también como Danza de los voladores de Papantla). Rito tradicional de los totonaku* y los tenek*, el cual es una representación astral dedicada al tiempo o al sol. Ejecutada por cuatro hombres que representan los puntos cardinales, y un quinto, que se ubica en lo más alto de un poste, y quien representa el centro del mundo; este último toca un tamborcito de dos caras y una flauta de carrizo llamada topitz*, que consta sólo de tres orificios, y con la cual es posible ejecutar los 45 sones papantecos.

Cuando los cuatro hombres se lanzan desde lo alto del poste al vacío, sujetados por cuerdas trenzadas, van desenredándose conforme escucha la música que continúa tocándose en lo alto, hasta sumar cada uno 13 vueltas que simbolizan el período prehispánico de trece años, y en su conjunto el ciclo de cincuenta y dos años que marcan los antiguos calendarios mexicanos.

La antigua ceremonia de El volador, efectuada en plazas públicas, requiere de un lugar amplio y libre de obstáculos donde se levanta un poste de unos 30 metros de altura, en cuya punta se empotra un tambor giratorio, al cual se amarran cuatro cuerdas cortas de gran consistencia que sostienen un armazón de madera, de unos 12 pies cuadrados.

Cuatro cuerdas más largas se enrollan tres veces alrededor del poste en el espacio que media entre el tambor y el armazón; sus puntas se pasan por cuatro agujeros que había en cada uno de los cuatro lados del armazón y que caen colgando hacia el suelo. Cuatro acróbatas disfrazados de pájaros, suben al poste por medio de unos escalones hechos con cuerdas amarradas en trechos regulares, afirmándose de la cintura cada una de las cuerdas colgantes, y lanzándose luego con las alas desplegadas a volar hacia el espacio. El impulso de la salida y el peso del individuo hacen girar el armazón; el desenvolvimiento cada vez más rápido de la cuerda permite a los acróbatas describir, en cada movimiento, círculos cada vez más grandes. Otros danzantes, ricamente vestidos, suben entonces al tambor, en donde se realizan bailes y agitan unas banderas.

Cuando los acróbatas se acercan al suelo y la cuerda se desenvuelve del palo, los que están en el tambor bajan a su vez del armazón; se deslizan rápidamente por las cuerdas llegando al suelo al mismo tiempo que los otros y pasando a veces, en su descenso, de una cuerda a otra. Saldívar (1934) cita un texto hallado en el ramo de Inquisición del AGN, referente a este baile: “Asimismo acontece que en las provincias sujetas a Tampico se observa y permite por los eclesiásticos que en los principales santos de sus pueblos acostumbraban danzas prohibidas, como son el baile antiguo que hacen en la punta de un palo bastante elevado, a que se agrega la música de teponaztli [*] y su serrano de instrumento que suena como clarín [flauta papanteca]”. Como los misioneros permitían la celebración de estas festividades indígenas, procurando que se efectuaran durante ciertas fechas en que la Iglesia acostumbraba celebrar las suyas, la danza de los voladores o el juego del volido, como lo llamaron los españoles, ha perdurado hasta la actualidad en distintos puntos de la vertiente central del Golfo. Se lleva a cabo por lo general el jueves de Corpus*.

1781. Francisco Javier CLAVIJERO: Historia antigua de Mégico, 2 vols., G. Biasini, Casena; reed., R. Ackermann, Londres-cd. de México, 1826, pp. 360-363.
1908. Adela C. BRETÓN: “Survival of ceremonial dances among Mexican Indians”, Verhandlungen des XVI Internationalen Amerikanisten-Kongress, vol. 16, Viena, pp. 531-540 (con fotografías de la Danza del volador).
1926. Lucien BIART: “Games of the Aztecs”, Mexican Magazine, vol. 2, no. 1, sl., EU, jun., pp. 8-10 y 34-35 (con descripción e ilustración de la Danza del volador).
1934. Gabriel SALDÍVAR: Historia de la música en México, etapas prehispánica y colonial, Departamento de Bellas Artes, SEP, cd. de México, 324 pp.
1937. — Monografía de danzas auténticas mexicanas, SEP, cd. de México.
1938. Rodney GALLOP: “Indian drums in Mexico”, Monthly Musical Record, vol. 68, no. 797, sl., jun., pp. 134-138 (descripción detallada de la Danza del volador entre los hñähñús).
1946. Luis MÁRQUEZ: “Pahuatlán. Danzantes y hechiceros. La Danza del volador”, Hoy, no. 503, cd. de México, 12 oct., pp. 36-43 (con fotografías).

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